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domingo, 6 de octubre de 2013

GRAVITY




El último trabajo del mejicano Alfonso Cuarón ha despertado pasiones extremas y enfrentadas y tras su visionado me siento Salomón puesto que entiendo ambas posturas. Empezaré con lo más evidente: "Gravity" es una película técnicamente perfecta. El larguísimo plano secuencia inicial sirve como preludio del recital de manejo de cámara con el que nos deleita Cuarón de manera ininterrumpida, lo que acompañado de una impecable fotografía y unos efectos especiales más que acertados, convierten el film en un espectáculo visual y sonoro. En definitiva nos encontramos ante una puesta en escena tan soberbia que, de alguna manera ensombrece todo lo que le rodea. Por ejemplo, hay quien dice que las interpretaciones de Sandra Bullock y George Clooney son merecedoras de premio, incluso que con esta película hemos recuperado a la mejor Bullock, y no digo yo que estén mal, pero a ambos les he visto en mejores actuaciones amén de que tratándose esta de una película eminentemente técnica, da la impresión de que cualquiera hubiera podido estar a la altura.
En el lado de los detractores se dice que no hay historia ni guión y me da la impresión de que esa afirmación es consecuencia del arrollador despliegue de medios tecnológicos que eclipsan lo demás. Hay una buena idea que se desarrolla con acierto generando bastante tensión y manteniendo en vilo al espectador durante los 90 minutos de metraje. Ahí está el principal acierto de "Gravity" a diferencia de muchas otras películas que estiran la historia hasta lo imposible. Sin embargo el error sigue siendo el mismo. Al igual que sucede en literatura con la novela y el relato, las productoras cinematográficas deberían distinguir cuándo tienen un largometraje, es decir, una historia con conflictos, con diferentes personajes (principales y secundarios) que mantienen un entramado de relaciones y que van evolucionando personal y socialmente, y cuándo un corto, es decir una idea más o menos original, que se debe presentar casi como si de una visita de médico de urgencias se tratara, es decir, entrar, plantear y resolver con rapidez. Mientras veía "Gravity" recordé una obra maestra de la historia del cine español: "La cabina". En ella José Luis López Vázquez entraba a llamar por teléfono en una de las desaparecidas cabinas telefónicas y se quedaba incomprensiblemente encerrado sin opciones de salir. Mercero hubiera podido estirar esa situación todo lo que hubiera querido, colocando obstáculos que el protagonista pudiera ir saltando, pero nada hubiera supuesto un añadido a la idea. Mercero decidió venir, ver y vencer. Y todo en media hora. "Gravity" es una buena película de suspense que visualmente resulta perfecta, pero para alcanzar la categoría de obra maestra no tendría que haber superado los 40 minutos de duración.