Dicen los expertos taurinos que una buena estocada puede aumentar el premio
de una faena y que, en sentido contrario, tener que emplear varios intentos para
matar al toro puede echar por tierra una colección de pases vistosos destinada a
cortar más de una oreja. Algo parecido sucede en el cine. Determinados finales
dejan un sabor de boca que incrementan o disminuyen el valor de lo que has
estado viendo previamente y hay ocasiones en las que esto resulta más evidente.
"La mirada del amor" bien podría servir de ejemplo. Dirigida por Arie Posin
("Kidnapped. Historia de un secuestro") la película está interpretada por tres
primeros espadas, Ed Harris y Annette Bening en los papeles
principales acompañados por Robin Williams. (Por cierto, mensaje para Annette
pero que tomen nota muchas actrices: cuando de joven has sido guapa y no te
estropeas pasando por el quirófano, lo normal es que tu belleza natural vaya
ganando como el buen vino y alcances una madurez envidiable con arrugas, patas
de gallo y manchas en la piel que resultan de lo más atractivo cuando son
llevadas con dignidad, clase y estilo superlativos.)
La sobriedad y la contención de estos magníficos actores son suficiente
garantía para disfrutar con esta historia de amor crepuscular que habla de
segundas oportunidades y, sobre todo, de la dificultad de pasar página. Una
historia a la que te subes desde el principio para dejarte llevar con placidez
durante 90 minutos y culminar con una deliciosa estocada que te transporta por
unas décimas de segundo al maravilloso mundo de Leo McCarey.
